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Tendencias en foco nº3. Tendencias recientes en políticas y programas que apuntan a la finalización de la escolaridad secundaria en América Latina

Florencia Finnegan discute sobre las políticas educativas y programas latinoamericanos que propugnan la inclusión o reinclusión en el nivel secundario por parte de los jóvenes y adultos. Esos programas y políticas educativas presentan un repertorio variado de finalidades, estrategias y modelos organizacionales que, aunque con particularidades que atienden a las realidades locales y diversas orientaciones de gobierno de los distintos países, parecen replicarse en distintos territorios.

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Las políticas educativas y programas latinoamericanos que propugnan la inclusión o reinclusión en el nivel secundario por parte de los jóvenes y adultos presentan un repertorio variado de finalidades, estrategias y modelos organizacionales que, aunque con particularidades que atienden a las realidades locales y diversas orientaciones de gobierno de los distintos países, parecen replicarse en distintos territorios.

En mayor o en menor medida, en todos los países de la región, se sostienen iniciativas que procuran incrementar el nivel educativo del conjunto de la población, bajo los propósitos de garantizar el cumplimiento del derecho a la educación y de ampliar la calificación de los ciudadanos. La necesidad de avanzar hacia una educación básica extendida, de al menos doce años de duración, es el marco en el cual se fundamentan los programas de culminación de la secundaria[1].

Si se enfocan las políticas y programas destinados a los jóvenes, se observa una serie de iniciativas que apuntan a quienes habiendo completado el nivel primario, no se matricularon en el nivel medio, lo abandonaron, o cursan el nivel medio en condiciones de sobreedad y desfasaje etáreo.

Para estos propósitos, por un lado se sostienen, reformulan o extienden a este grupo poblacional las propuestas de educación a distancia o abierta, desarrolladas desde décadas pasadas en la región, pero ahora fortalecidas con base tanto en las nuevas posibilidades que generan los avances de las tecnologías de la información y la comunicación, como en una mayor demanda de educación por parte de la población. Pero, por otro, se despliega un repertorio de programas que, combinando estrategias escolarizadas y abiertas, alientan la incorporación de los jóvenes y adultos en este nivel educativo y la obtención de las correspondientes titulaciones.

Finalidades

El repertorio de finalidades que persiguen estas propuestas, con el propósito de favorecer la culminación de los estudios secundarios, incluye los siguientes énfasis:

– Elevación del nivel de calificación de la población, como un factor estratégico para el desarrollo económico del país;

– Superación del “rezago”, la exclusión y la desigualdad educativa desde la perspectiva del cumplimiento de los derechos sociales de ciudadanía, de la reducción de la pobreza, del mejoramiento de la calidad de vida de las personas, de la ampliación y sustentabilidad del régimen democrático y de la transformación de la sociedad;

– Producción de modificaciones en la cultura, la estructura, la organización y las características de la propuesta formativa de la educación media escolarizada destinada a adolescentes;

– Desarrollo y experimentación de formatos de atención educativa alternativos o complementarios (articulables) con el de la educación secundaria escolarizada;

– Mejoramiento de la calidad, eficiencia y pertinencia de las ofertas del nivel, en función de las condiciones, necesidades y demandas de los grupos de población atendidos, del contexto local, regional y nacional;

– Apoyo a políticas de descentralización educativa impulsando programa cuyos aspectos organizativos y de gestión tienden a fortalecer los procesos de traspaso y asunción de funciones por parte de los niveles regional, local e institucional;

– Acceso a formación de nivel superior, cuya precondición es la aprobación del nivel medio.

La organización de la oferta

En general, se plantea la implementación de modelos institucionales flexibles que superen los límites del modelo escolarizado. En parte, esta tendencia recupera las prácticas de la educación de jóvenes y adultos que se ha desarrollado en el continente en el último medio siglo, pero reformuladas a la luz de los desafíos que acarrea la expansión de un nivel educativo marcado por una impronta originaria de fuerte selectividad. Además, esta flexibilidad resulta eficaz para extender la cobertura de servicios educativos en regiones alejadas o postergadas, en las que las ofertas escolarizadas de educación secundaria son inexistentes o insuficientes.

En general, los programas impulsan ofertas de carácter desescolarizado, en un sentido de alternativo al modelo escolar. Sin embargo, existen señales que indican que en el caso de los adolescentes, la modalidad excesivamente abierta y desescolarizada no se adecuaría.

En varios países se están resignificando centros educativos comunitarios destinados a jóvenes y adultos, a través de la dotación de nuevas tecnologías de información y comunicación. En el terreno de los resultados, no se accedió a información que permitiera evaluar el impacto de estas iniciativas en la culminación de los estudios para el grupo de edad priorizado (18 a 14 años).

Existe una serie de programas, destinados principalmente a adolescentes, que instalan instancias de transición, como espacios en donde los jóvenes permanecen un tiempo acotado y mejoran sus condiciones para la continuidad de la escolaridad en las escuelas secundarias comunes. Mayormente denominados “espacios puente”, estas estrategias no promueven una oferta alternativa o paralela a la oferta regular, pero reconocen la existencia de dificultades para la revinculación escolar. Estas dificultades están principalmente relacionadas con las culturas propias de la escuela media, con las habilidades requeridas a los estudiantes y con las dificultades que generan las trayectorias previas de fracaso frecuentes en esta población de jóvenes. En este caso, tampoco resultan de fácil acceso los datos relativos a alumnos revinculados o egresados en el marco de estos dispositivos pedagógicos.

Otras estrategias frecuentes introducen en las escuelas medias destinadas a adolescentes, tanto regímenes académicos que permiten cursar por asignatura o por módulo, tal como viene siendo dominante en la educación de adultos, como la instalación de aulas en las que se brindan ofertas alternativas, como por ejemplo las de aceleración de estudios. Las estrategias de aceleración parecen generalizarse, frente a la evidencia del deterioro de los indicadores de eficiencia del nivel medio, concomitantes con su expansión.

Otra innovación detectada (excepcional pero presente), es la provisión del servicio educativo para la culminación de la educación básica y de nivel secundario mediante instituciones “prestadoras”, “ejecutoras”, “facilitadoras”, “por convenio” que son contratadas por el Estado para brindar el servicio a cambio de una compensación sujeta a los resultados obtenidos.

Los docentes y otros agentes participantes

Sobre el personal docente, resulta evidente que la mayor flexibilidad de los modelos organizativos y planes de estudio predominante en estos programas, presupone la institucionalización de figuras docentes alternativas y complementarias a las propias de la educación escolarizada. Se hace presente la designación de profesores regulares de la educación secundaria para el desempeño de nuevos roles tales como tutores, la instalación de esquemas que combinan docentes y nuevas figuras en un proyecto común a la vez que la incorporación de actores comunitarios familiarizados con la cultura local. Estas innovaciones, tal como lo señalan Jacinto y Terigi (2007), tensionan los aspectos estructurales y organizativos de la propuesta formativa de la escuela secundaria, en tanto que al operar sobre cuestiones irresueltas en las instituciones del nivel, incorporan lógicas y estilos de prácticas pedagógicas distintas a las dominantes.

Al mismo tiempo, la tendencia hacia una mayor flexibilidad en la atención educativa y hacia nuevos tipos de instituciones permiten al Estado habilitar figuras, y por ende contratar personas, no sujetas a las regulaciones laborales vigentes para el sector docente. Las remuneraciones y condiciones laborales correspondientes a los roles de “facilitadotes”, “promotores”, “animadores”, suelen presentarse como más propias de la colaboración y práctica comunitaria o como adicionales a la labor del profesor.

Las evaluaciones suelen señalar la relevancia de fortalecer las prácticas de los educadores, a la vez que convocar perfiles profesionales nuevos y diversos para desempeñarse en el marco de este tipo de propuestas formativas para jóvenes y adultos. Combinada con esta necesidad, se interroga respecto de los límites que puede plantear la apelación a factores vocacionales y al voluntariado, que tiende a soslayar la complejidad de la atención educativa de la población atendida.

La gestión de los programas

En relación con la gestión de los programas, se hacen presentes tanto esquemas de cogestión en los distintos niveles de ejecución de los programas, como la intersectorialidad en la gestión institucional/local, en general o en relación con alguna de las áreas de trabajo. La decisión de impulsar estos modelos suele fundarse principalmente en la evidencia de una mayor calidad, integralidad, flexibilidad, y relevancia de las ofertas de terminalidad del secundario cuando en su diseño y ejecución participan tanto los actores del sistema educativo como actores “no educativos”.

Si se considera que la mayoría de los programas cuentan con propuestas curriculares diversificadas que contemplan el tratamiento de temáticas vinculadas con la realidad, local y/o con módulos o trayectos de educación técnico profesional, no es de extrañar que se convoque a la participación de otras áreas gubernamentales (Salud, Desarrollo Social, Trabajo, Empleo, Producción, Servicios de Aprendizaje y Capacitación, Juventud), y no pertenecientes al gobierno (empresariales y de los trabajadores, de fomento comunitario, ONGs, Iglesias, etc.), a la vez que articulan la participación de actores locales de relevancia en su definición y abordaje. De todas formas, no es posible establecer en qué medida se produce la construcción de enfoques e intervenciones efectivamente integrados y no una mera yuxtaposición de dispositivos.

En particular, las iniciativas que apuntan al mejoramiento de la calificación de los jóvenes y adultos suelen sostener esquemas de articulación con el ámbito productivo que aporten a la definición y, en algunos casos, al desarrollo de ofertas de educación técnico profesional según el principio de la demanda. El trabajo intersectorial con áreas gubernamentales no educativas también se relaciona con la provisión de apoyos asistenciales a los alumnos –becas estudiantiles, transporte, atención o educación sanitaria, alimentación, documentación y otros- que constituye una línea predominante en estos programas educativos destinados al acceso y culminación del nivel medio. Al mismo tiempo, permiten la inclusión de actividades relacionadas con la cultura, la expresión artística y el deporte, las que suelen plantearse no sólo en función de su valor formativo sino también de su potencial para acercar a la educación a los adolescentes y jóvenes con trayectorias educativas discontinuas.

Aunque se tiende a una gestión descentralizada e intersectorial en las etapas de diseño, planificación y ejecución de los programas, la evaluación, sin embargo, suele reservarse al sector educativo.

La evaluación y la certificación

La evaluación y la certificación intentan ser rigurosamente consideradas en los programas que involucran la acreditación del nivel medio y la certificación de calificaciones técnico-profesionales. Esto es así en tanto, a diferencia de los de educación básica restringida al nivel primario o a la educación fundamental, se ponen aquí en juego las reglas de acceso al mundo del trabajo y de regulación de las profesiones, a la vez que de continuación de los estudios en instituciones de educación superior. En varios países, el título de bachiller se obtiene atravesando un examen único de carácter nacional.

Es importante señalar que, hasta donde fue posible acceder a la información, todas las propuestas apuntan al logro de una certificación de idéntico valor que la de la educación media común. Sin embargo, se requeriría un análisis más pormenorizado para poder establecer en qué medida titulaciones equivalentes se corresponden con tratamientos curriculares y aprendizajes efectivamente equivalentes.

En cuanto al financiamiento de los programas, se observa una combinación de fondos provenientes de los organismos internacionales de cooperación y de asistencia técnica y financiera presentes en la región, pero también una fuerte participación de los gobiernos.

En síntesis, el desarrollo de políticas intersectoriales combinadas con programas focalizados y la experimentación de modelos institucionales flexibles de atención educativa parecen ser los rasgos centrales de las políticas de la región que apuntan a favorecer la culminación del nivel por parte de sectores cada vez más amplios de la población.

[1] Sin embargo, al respecto de las Metas de Desarrollo del Milenio (2000- 2015), Torres (2006) observa que éstas hacen eje en la garantía del acceso a la educación primaria dentro del sistema escolar por parte de de niños y adolescentes, en contraste con los postulados más amplios de la Educación para Todos (1990- 2000- 2015), que apuntaban a universalizar la educación básica para niños, jóvenes y adultos, ofrecida dentro y fuera del sistema educativo.

Referencias bibliográficas

JACINTO, Claudia, TERIGI, Flavia, (2007) ¿Qué hacer ante las desigualdades en la educación secundaria? Aportes de la experiencia latinoamericana, IIPE- UNESCO- Santillana, Buenos Aires.

TORRES, María Rosa. (2006) “¿Qué está pasando con la educación de jóvenes y adultos en esta región?”, en Seminario Internacional “Educación de Jóvenes y Adultos: Experiencias, encrucijadas, retos y perspectivas”, Alcaldía Mayor de Bogotá –CEAAL, Bogotá, (www.fronesis.org).

(Extracto de las conclusiones del documento: Panorama de políticas públicas y programas orientados a ampliar la cobertura y la terminación del nivel secundario de jóvenes en América Latina y el Caribe, IIPE- UNESCO, redEtis, 2007.)

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