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Tendencias en Foco nº26. Las TIC y la sociedad en red: nuevos ingredientes en la agenda de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres

Ana Moreno Romero y Ruth Carrasco Gallego reflexionan en esta edición de Tendencias en Foco acerca de cómo es el proceso de incorporación de las mujeres a la sociedad del conocimiento y a la sociedad en red.

Fecha de Publicación:
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INTRODUCCIÓN:

Nuevo contexto, la sociedad en red; nuevos instrumentos, las TIC

Mirando al pasado y al futuro desde la perspectiva del inicio del siglo XXI podemos apreciar que vivimos en sociedades que están en permanente cambio. En la sociedad industrial las mujeres estábamos excluidas de la escena productiva y con ello se nos  excluía del poder económico, social y político. La sociedad post-industrial, con el desarrollo masivo de los servicios, incorpora a las mujeres para la actividad productiva, pero se mantiene sustancialmente el predominio económico y político de los hombres y las mujeres avanzan con dificultades a posiciones de poder. Es necesaria una reflexión acerca de cómo es el proceso de incorporación de las mujeres a la sociedad del conocimiento y a la sociedad en red.

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Foto: Galería de fotos del Banco Interamericano de Desarrollo (http://www.iadb.org)

Los conceptos de sociedad de la información, sociedad del conocimiento y sociedad en red se utilizan para marcar las tendencias de este modelo postindustrial. A veces se utilizan como sinónimos, si bien representan distintos grados de madurez de un mismo proceso de transformación. La sociedad de la información se centra en las herramientas y oportunidades que la tecnología ha proporcionado a la sociedad en los últimos años, que ponen a nuestra disposición una gran cantidad de información y múltiples posibilidades de acceso a ella. La sociedad del conocimiento significa ir un paso más allá, implica la explotación de la información en un determinado contexto para la acción, para provocar un conjunto de cambios que establecen diferencias con modelos anteriores. Por ejemplo, existen nuevas empresas, que se relacionan de otra manera con proveedores y clientes; existen comunidades virtuales y nuevos roles; existen nuevas culturas y nuevas formas de comunicación entre los jóvenes; y nuevas élites profesionales, donde lo que prima es el conocimiento (SETSI, 2005).

A su vez, y como consolidación de estas nuevas formas de relación, se puede hablar de la sociedad en red. Castells (1998) la ha conceptualizado como el sistema social de la era de la información, estructurado en redes que se apoyan sobre Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), instrumentos que potencian esta forma de relación. Habla de un “nuevo sistema tecnológico, económico y social”, una nueva forma de capitalismo restructurado que se caracteriza por la difusión generalizada de las tecnologías de la información; una nueva forma de producción y de organización; cambios en el empleo y el trabajo, con empleos de calidad en los sectores más dinámicos y otros empleos destruidos, subcontratados o transferidos entre regiones y desigualdades económicas con acentuación del desarrollo desigual y aumento de la exclusión de todos aquellos que quedan fuera de los conocimientos. Tapscott (2010) habla de los principios para un mundo abierto, solo posible a través de Internet: colaboración, apertura, compartición, integridad e interdependencia.

En este contexto, las organizaciones viven cambios estratégicos, culturales y organizativos para adaptarse a la sociedad red. La incorporación de las TIC facilita los esquemas de trabajo en red de los profesionales (teletrabajo, participación en equipos virtuales, flexibilidad para la movilidad….) y la relación entre organizaciones (redes inter-organizativas, alianzas virtuales, proyectos compartidos…). El avance hacia el funcionamiento en red se produce en cuatro ámbitos: la propia organización, el conjunto de organizaciones con el que se interactúa, el sector de actividad y el conjunto de la sociedad (Moreno, 2009). Las empresas del sector TIC son las pioneras en la implantación del teletrabajo, la creación de alianzas productivas, la dinámica red del sector.

Aprovechar las oportunidades y afrontar adecuadamente los desafíos de la sociedad en red requiere un nuevo ámbito de competencias. Podría incluso decirse que las claves para la adecuada “alfabetización digital”, se basan en las transformación de los procesos sociales de aprendizaje (Casado, 2004). Son necesarias las habilidades de red para utilizar adecuadamente el nuevo entorno tecnológico, las capacidades generativas para aportar valor en el entorno de redes organizativas y sociales, el equilibrio de roles, para la gestión armónica de este nuevo contexto complejo y carente de pautas fijas.

El liderazgo que integra y potencia estas competencias en los equipos supone un desafío para las organizaciones que avanzan a modelos en red. Entre las tendencias del liderazgo para el siglo XXI, quizás las tres más relevantes para los modelos red son la gestión de la complejidad (IBM, 2010); la capacidad de sacar lo mejor de los equipos que se dirigen, con el liderazgo centrado en las personas (Drucker, 1999, Covey, 2007) y la dirección por valores (García y Dolan, 1997).

Las transformaciones organizativas que se han descrito en este epígrafe ¿las afrontan de igual forma hombres y mujeres? ¿Son una oportunidad para que las mujeres alcancen la paridad en los puestos de responsabilidad para liderar el despliegue de la sociedad en red?. En todo caso, no hay duda de que es el momento de potenciar las palancas para que las mujeres se posicionen para liderar la sociedad en red. El epígrafe que sigue recoge algunas tendencias que invitan al optimismo y algunos de los desafíos que hay que afrontar en este camino.

Barreras y oportunidades para que las mujeres lideren la sociedad en red

La participación de las mujeres en los espacios públicos, el mercado de trabajo, la política, la vida pública han ido mejorando en los últimos decenios, sin embargo todavía se está lejos de romper el techo de cristal. Hacen falta nuevos modelos que estén más alineados con las prioridades de las mujeres. Este contexto nuevo, la sociedad en red, puede ser más amigable para las mujeres que otros sistemas anteriores. Para situarse confortablemente es importante superar las barreras en el mundo de las TIC y utilizar las oportunidades como palancas del cambio (Moreno y Carrasco-Gallego, 2012).

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Foto: http://www.flickr.com: h.a.fsa by jongins, bajo licencia creative commons.

Las barreras para que las mujeres co-lideren el despliegue de la sociedad en red son muchas, algunas de carácter general y otras específicas del mundo de las tecnologías. Se van a exponer tres que se han seleccionado por ser relevantes y por fundamentar el presente trabajo: brecha digital de género, bajo número de mujeres ingenieras y techo de cristal en el sector TIC.

Las innovaciones tecnológicas no se difunden de forma regular en el sistema. La brecha digital (digital divide) constituye un problema social importante que acompaña al proceso de difusión de Internet. Rogers (2001) la define como «la brecha que existe entre individuos que sacan provecho de Internet y aquellos otros que están en desventaja relativa respecto a Internet» y la relaciona con la hipótesis de la brecha del conocimiento. El género es una de las variables más relevantes a la hora de explicar los retrasos en la incorporación al mundo de las nuevas tecnologías e indudablemente al uso de Internet. Las diferencias de acceso entre hombres y mujeres se dan en todas las sociedades actuales, tanto en contextos de economías avanzadas como de economías en desarrollo (Castaño, 2008, Intel 2013).

En la Europa de los 27 las diferencias en el uso de Internet son significativas salvo en el tramo de edad de los más jóvenes: desde 12 puntos porcentuales en la población de entre 55 a 74 años  (31% hombres y 19% mujeres) a sólo dos puntos porcentuales para los menores de 25 años (79% y 77%) (EC-DGINFSO, 2010, datos de 2006). Si consideramos las habilidades informáticas como aproximación a la alfabetización digital  los datos son más preocupantes (Castaño, 2008). En todos los grupos de edad, la proporción de mujeres con niveles altos de habilidades informáticas y navegadoras es más pequeña que la de hombres. Destaca que entre los más jóvenes (16-24 años) las diferencias de género se mantienen: sólo un 30% de las mujeres usuarias tienen un nivel de habilidades alto, frente a un 48% de los hombres. Existen estudios que analizan de forma particular la participación en redes sociales, donde las mujeres parecen tener una mayor participación que los hombres. La investigación realizada por BrianSolis y Google Ad Planner (2009) indica que el 57% de las personas usuarias de Facebook, la mayor red social con más de 400 millones de personas conectadas, son mujeres. El dato se extiende a otras redes como Twitter, MySpace o Tuenti.

Respecto a los usos de Internet, tanto en España como en la UE o en los restantes países de la OCDE, mujeres y hombres utilizan de forma similar todo aquello relacionado con la comunicación (correo electrónico, chats). Los hombres, sin embargo, se decantan por los usos «más tecnológicos» (descargar software, música y películas) y las mujeres por los «más funcionales» (educación, salud, servicios públicos). Podría decirse que Internet es una red creada por hombres y refleja sus intereses. Los hombres llegaron primero y crearon el lenguaje y los contenidos (deportes, juegos, pornografía, inversiones) y pasan muchas horas al día navegando, jugando, accediendo a redes distintas desde sus hogares. Muchos de esos contenidos no interesan a las mujeres, al menos no tanto como a los hombres. Es importante integrar a las mujeres productoras en la red (Castaño, Moreno, 2008). Mientras no se feminice la red, creando más portales dedicados a los intereses de las mujeres y a sus problemas específicos, y se promuevan entornos virtuales diferenciados en los que sea posible compartir información, compartir problemas, compartir soluciones, es difícil analizar la brecha de segunda generación con fiabilidad.

Por otro lado, los datos del estudio comparado entre ciencias e ingeniería en la UE (CE-2009) muestran que hay un escaso número de mujeres ingenieras: en EU-27, en 2006, 45% de los graduados son mujeres, siendo en muchos campos más del 50%, excepto en ciencias, matemáticas e informática (41%), e ingeniería, fabricación y construcción (25%). La misma tendencia también se observa en Estados Unidos y otros países de la OCDE: a pesar de la masiva incorporación de las mujeres a la educación superior, el porcentaje de mujeres en carreras vinculadas al campo STEM (Science, Technology, Engineering and Maths) sigue siendo bajo, siendo esta situación especialmente marcada en las ingenierías (Beede et al., 2011).

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Foto: http://www.flickr.com. Usdol bajo licencia creative commons

Entender por qué hay pocas mujeres ingenieras requiere analizar, en primer lugar, las razones por las que las jóvenes no eligen los estudios de ingeniería. Algunos estudios realizados en universidades técnicas, como el de la Universidad Politécnica de Cataluña (Artal, 2007) o el de la Universidad del País Vasco (Fernández et al. 2008), concluyen que los trabajos socialmente asignados se llegan a interiorizar de tal forma que configuran la personalidad de los individuos, y que las aspiraciones profesionales están marcadas por unos indicadores masculinizados que contienen unas capacidades y unos aspectos de autorrealización con los que las mujeres no se sienten identificadas. Esta tendencia está especialmente marcada en los estereotipos de informática e ingeniería. Los datos del informe de la UE (2009) confirman las dificultades de las mujeres en las carreras de ciencia e ingeniería con un 31% de mujeres estudiantes (frente a un 55% del conjunto de la universidad), un 33% de académicas grado C (vs 44%), 22% grado B (vs 36%) y 11% grado A (vs 18%).

La profesora López Sáez y su equipo de la UNED ha investigado durante los últimos años las razones que llevan a los y las jóvenes a elegir sus estudios. Si bien los niños y niñas tienen ideas sobre su futuro profesional a lo largo de toda la educación básica, es en los últimos años, con 16-18 años, cuando toman la decisión.  Los primeros resultados de esta línea de trabajo (López Sáez, 1995) ponen de manifiesto la utilidad de las variables psicosociales para explicar por qué determinadas carreras son elegidas mayoritariamente por mujeres, mientras que otras son elegidas fundamentalmente por hombres. El perfil del grupo de mujeres, en comparación con el de hombres, se caracteriza por destacar en valores claramente asociados a la dimensión social, estar más motivadas para cumplir una norma social de elección de estudios, hacer más atribuciones internas de sus fracasos, identificarse más con rasgos comunales, ser más colectivistas, y porque ayudar a los demás es más importante para ellas. Sin embargo, están por debajo de sus compañeros en valores asociados a la dimensión personal, en autoestima, en rasgos agentes y les importa menos el ganar dinero. El tipo de carrera elegida, “femenina” o “masculina”, es importante como diferenciador del sistema de valores, de las motivaciones, de los rasgos de personalidad y del estilo de atribución

En un estudio desarrollado diez años después, Diferencias en elecciones de modalidades de bachillerato entre chicas y chicos. Factores que influyen en la segregación vocacional de mujeres y hombres (López Sáez et al., 2007) se vuelven a analizar los motivadores para elegir carrera en un contexto donde niños y niñas han crecido usando las tecnologías cotidianamente y en mejores condiciones de igualdad. Los resultados muestran que en la elección de especialidad (Humanidades y Ciencias Sociales, Ciencias de la Naturaleza y la Salud, y Tecnología) el perfil del bachillerato Tecnológico es el que más se diferencia de las otras modalidades de bachillerato y el que mantiene unas características más asociadas a la masculinidad, tanto en cuanto a creencias como a la valoración que obtienen las personas de uno u otro sexo. Por otro lado los resultados obtenidos en relación al uso de las TIC, ponen de manifiesto un déficit en las chicas en relación con los chicos en las actitudes hacia la informática y el ordenador.

Como última barrera hay que mencionar el techo de cristal en el sector TIC. Las mujeres han mejorado sus posiciones sustancialmente en el mercado de trabajo, sin embargo en los puestos de alta dirección el porcentaje de mujeres sigue siendo bajo. En el mercado de trabajo al que vamos se necesitan profesionales cualificados como directivos o perfiles técnicos. Algunos datos del informe de la UE (2010) permiten ver la situación en función del género.  Aunque el crecimiento del empleo entre científicas e ingenieras crece (6.2% vs 3.7%  en hombres (2002-2007), los datos globales del sector muestran una baja participación de mujeres: 25% del empleo está en el sector intensivo en tecnología (High-tech Knowledge Intensive Services-KIS) y solo 2.4% son mujeres (160,000). En la fabricación tecnológica la situación es peor, solo el 1.1 % son mujeres. En el conjunto de las empresas de EU-27, el 22% de los miembros de comités de dirección son mujeres.

La realidad europea aporta tendencias generalizables, si bien las componentes culturales de las distintas regiones, tiene especificidades en el desarrollo de carrera de las mujeres en el sector TIC (Xian, Woodhams, 2008).

A pesar de que las mujeres ingenieras a lo largo de los últimos años han conseguido importantes logros en el ámbito de las carreras técnicas, todavía son objeto de discriminación por parte de las empresas e instituciones en las que se desarrollan profesionalmente. Un estudio similar realizado desde la UPM confirma estas tendencias de la situación profesional de las tituladas en Ingeniería Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid entre 1997 y 2006 (Carrasco-Gallego et al. 2007).

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Foto: http://www.flickr.com SCA Svenska Cellulosa Aktiebolaget bajo licencia creative commons

Junto a estos desafíos, surgen oportunidades para las mujeres en la sociedad en red. Las tres que se van a destacar en este epígrafe son: el empoderamiento que Internet facilita, la mejora de las opciones de conciliación de vida profesional y personal, y la necesidad de nuevos estilos de liderazgo.

Para las mujeres Internet es una herramienta con un poder enorme. Los aspectos clave a tener en cuenta para que las organizaciones en red se construyan con la activa participación de las mujeres son (Castaño, Moreno, 2008):

  •  Crear mecanismos de participación de las redes de mujeres existentes, tradicionales y virtuales, como actores fundamentales en la agenda de la sociedad red. Hay que potenciar modelos que animen a las mujeres a ser activas y creativas en el uso de Internet. En palabras de Castells (2004): “Internet permite la construcción de redes de mujeres, y la autonomía cultural de las mujeres, porque se pueden organizar en Internet, crear sus propios espacios y tejer sus intereses más allá de las fronteras de la familia y del trabajo…Hay una poderosa interacción entre Internet como medio de comunicación horizontal y libre, y la transformación de la consciencia de las mujeres, que se produce porque se rompe el aislamiento familiar, y cambian la percepción que las mujeres tienen sobre quiénes son, porque se sienten fortalecidas al compartir experiencias con otras mujeres de su ciudad y del mundo”.
  • En el ámbito profesional, avanzar en el trabajo en red, para romper los esquemas de poder presencial,  avanzar en la objetivación de las aportaciones y contar con flexibilidad en la organización de los tiempos. Además, abre nuevas y mejores posibilidades de futuro profesional, ayuda en los estudios, a obtener todo tipo de información de manera fácil y rápida, conectarse y comunicarse, y existen portales dedicados a buscar trabajo a las mujeres, a solicitar créditos para ellas, a asesoría empresarial.
  • En el ámbito privado, encontrar formulas más armónicas para avanzar con satisfacción en todos los roles vitales es prioritario para  que las mujeres alcancen un papel protagonista en el mundo profesional. Internet permite tener más tiempo libre para ocio ó estudio al poder realizar gestiones personales a través de la web (bancos, obligaciones fiscales, organización de viajes), y comunicarse por correo electrónico con amigos y familiares.

Este último punto enlaza con la segunda oportunidad que se quiere resaltar. La flexibilidad de los modelos red es el mejor aliado para la conciliación entre la vida profesional y personal. Trabajo y familia son los papeles vitales dominantes para la mayor parte de adultos ocupados en la sociedad contemporánea. Hasta hace unos años los modelos de organización laboral y personal seguían unos esquemas claros y estables. Hoy, nos enfrentamos a profundos y continuos cambios que nos obligan a movernos sin modelos de referencia. Hay que innovar en los modelos laborales, en las formas de gestión de logística doméstica y en la preservación de “tiempos de calidad” para aquellas personas y actividades que lo merecen. Un aliado imprescindible en este arte de la conciliación es la flexibilidad para organizar los tiempos, para decidir los momentos, para elegir las ubicaciones y eso es posible gracias a las TIC y a la implantación en las organizaciones y entre los profesionales independientes de modelos de trabajo en red (Gascón, Moreno, 2008). La conciliación tiene ventajas para las organizaciones pues son un factor importante de motivación de los profesionales del conocimiento (Kauffman, 2010). Además, la invisibilidad de la agenda personal tiene impactos negativos en el trabajo por la interferencia de los roles (Kopelman, Greenhaus y Connoly, 1983).

Pero quizás, la mayor oportunidad para protagonizar la agenda de la sociedad en red radica en los modelos de liderazgo que requiere dicha sociedad para atender los desafíos para gestionar entornos complejos y centrados en las personas. Las aportaciones de las mujeres son necesarias.

En la literatura psicosocial se han considerado principalmente tres tipos de liderazgo: autocrático frente a democrático, orientado a la tarea frente orientado a las relaciones, y transformacional frente a transaccional. El buen liderazgo, típicamente, pues existen muchos factores que lo condicionan, se identifica con el estilo democrático, orientado tanto a la tarea como a las relaciones y más transformacional que transaccional (Cuadrado et al., 2006). Estos autores sugieren que no hay grandes diferencias en los estilos de liderazgo entre hombres y mujeres porque los estereotipos de género actúan como filtro para que muchas mujeres no entren en carrera directiva y otras lo hagan adaptándose a la imagen del líder ideal de estereotipo masculino. Concluyen que en general las mujeres líderes tienen un estilo de dirección más democrático, más transformacional y se comprometen más con las conductas de recompensa contingente.

Los beneficios para las empresas cada vez parecen más claros. Las investigaciones en Europa y Estados Unidos muestran que las compañías con tres o más mujeres directivas de alto nivel tienen mejores resultados organizativos y financieros. No se demuestra una relación causal, pero estos datos invitan a entender la diversidad en los equipos de dirección como una ventaja competitiva, medida en capacidades, liderazgo, orientación hacia el exterior, accountability, motivación, coordinación y control, dirección y ambiente de trabajo y valores (Desvaux et al., 2008). La demostración con cifras de que la diversidad es un activo para las empresas, ayuda a consolidar la posición de las mujeres en las más altas posiciones, si bien estos resultados no pueden extrapolarse a otros entornos, y estudios de la diversidad en alta dirección no llegan a resultados concluyentes (Nielsen, 2009) .Además el contexto geográfico, político y social en el que opera una organización tiene un gran impacto en la gestión de las políticas de igualdad y diversidad (Metcalfe, Woodhams, 2008).

 Propuestas para que las mujeres sean líderes de la sociedad en red

Desde el Grupo de Investigación de Organizaciones Sostenibles de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Politécnica de Madrid, se ha trabajado sobre la mujer en la sociedad en red, con especial énfasis en potenciar el papel de las mujeres en la ingeniería. Se propone un marco de análisis que cumple un doble objetivo: explicar de forma integrada los resultados de investigaciones independientes, y hacer propuestas para que las mujeres participen, desde las posiciones de responsabilidad que les corresponden, en el despliegue de la sociedad en red.

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Foto: http://www.flickr.com. Ministerio_tic bajo licencia creative commons

En la Figura 1 se muestra el marco que se centra en tres niveles de intervención: la educación básica, la universitaria y la vida laboral, circunscritas en el contexto de la sociedad red. Para cada uno de los tres ámbitos del desarrollo profesional de las mujeres del marco propuesto, se ha seleccionado un reto que se considera especialmente relevante en el caso español, que es sobre el que se ha investigado, y que pudiera ser extrapolado a otros entornos geográficos.

Es cierto que los ejes estratégicos seleccionados no son los únicos relevantes en una agenda de género, TIC y sociedad red, pero el marco propuesto se construye desde el convencimiento de que hay que hacer un esfuerzo de concentración y priorización, y las autoras se han permitido elegir estos asuntos como los prioritarios.

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Fig 1: Marco de retos para la participación de las mujeres en el liderazgo de la sociedad en red.

Para cada uno de los tres niveles del marco propuesto, se describen brevemente los ejes estratégicos seleccionados (Moreno y Carrasco-Gallego, 2012).

El primer eje estratégico incluido en el marco es el de los criterios que siguen los jóvenes en los últimos años de bachillerato para elegir la carrera universitaria. Como ya se ha expuesto, este periodo de uno o dos años a lo más, es una transición de la adolescencia a la juventud, en la que el grupo y los amigos son la fuente principal de atención e interés, y en el que los jóvenes se ven envueltos en un proceso de toma de decisiones sobre su futuro profesional para el que, habitualmente, les falta información y criterio propio ya que no han analizado en detalle el alineamiento profesional con sus propias capacidades y deseos.

Las acciones que proponen las autoras en este eje son:

  • Políticas activas contra los estereotipos de género que condicionan la elección en los últimos años de Bachillerato.
  • Realizar una comunicación muy activa centrada en los beneficios que aporta la ingeniería a la sociedad.

Si ampliamos la perspectiva para abarcar más ámbitos que el de la ingeniería, y teniendo en cuenta las consideraciones expuestas en este artículo, el mensaje a destacar es que en la sociedad red la tecnología está presente de manera permanente en la vida profesional y en la vida cotidiana y por tanto es necesaria la formación en el lenguaje tecnológico, en su funcionamiento y en su aplicación a la resolución de problemas. Tanto desde las ingenierías, como desde otras carreras de ciencias, u otra carrera cualquiera, el dominio de la tecnología es una llave para liderar un mundo tecnológico.

En la educación primaria y secundaria hay que sembrar esa afición a la tecnología desde los colegios, y en el entorno socio-cultural hay que romper los estereotipos que animan a las chicas a carreras menos tecnológicas. Quizás si se hace un esfuerzo por visibilizar las utilidades de las tecnologías para servir a la sociedad y al medioambiente, se conecte mejor con la vocación de las mujeres.

El segundo eje se centra en las mujeres que se incorporan a las escuelas de ingeniería entendiendo que son un colectivo clave para contar con mujeres que lideren el despliegue de la sociedad en red.

Las acciones que se proponen en este eje son:

  • Estudiar el impacto de la cultura poco favorable a las mujeres en las escuelas de ingeniería, y en especial la reproducción de esquemas masculinos de competitividad.
  • Potenciar la adquisición de competencias para el liderazgo en red.

Ampliando la perspectiva al periodo universitario, es importante preparar a las estudiantes para afrontar su incorporación al mercado de trabajo con una comprensión clara del nuevo contexto, la sociedad red; de las competencias que deben potenciar para ser buenas líderes en la sociedad en red, y que incluye el dominio de las TIC; y con una consciencia clara de que hay que tener estrategias expliciticas para la conciliación de la vida profesional y personal y para enfrentarse al techo de cristal.

Como ya se ha visto en los epígrafes anteriores todavía está lejos la igualdad entre hombres y mujeres en las posiciones de toma de decisión. Esta realidad se da consistentemente en los altos cargos de empresas, administraciones y tercer sector. El sector TIC no es una excepción. Así pues, el tercer eje estratégico tiene que ver con romper el techo de cristal en el sector TIC.

Las acciones que se proponen en este eje son:

  • Promover políticas de recursos humanos y políticas públicas para luchar contra los modelos desequilibrados entre la vida profesional y personal que dominan en los trabajadores y trabajadoras del conocimiento.
  • Potenciar el liderazgo centrado en las personas.

La vida profesional de las mujeres se enfrenta a múltiples obstáculos. Eagly y Carli (2007) lo describen como un laberinto en su desarrollo de carrera (salarios más bajos en condiciones equiparables, resistencias al liderazgo de las mujeres que no encaja con el dominante, las demandas de la vida familiar que lleva a la falta de inversión en capital social y networking). En el sector TIC se dan, con carácter general, las condiciones de innovación organizativa pioneras que permiten contar con más flexibilidad y nuevas reglas del juego en torno a “la presencia” en las oficinas durante largas jornadas. Desde la perspectiva organizativa se dan las condiciones para un cambio de modelo en el que el funcionamiento por objetivos, el uso de las TIC para la gestión de la información y las comunicaciones, y la cultura de confianza, permita el trabajo en red. En ese nuevo modelo, la conciliación de la vida profesional y personal es más fácil, o al menos depende más de uno mismo, y el liderazgo centrado en las personas es un requisito indispensable para el buen funcionamiento.

CONCLUSIONES

El entorno altamente competitivo en el que las organizaciones y sus directivos y directivas despliegan su actividad, requiere de la diversidad que suma. La actividad cotidiana de los directivos globales de las multinacionales, las estrategias de Responsabilidad Social Corporativa basadas en el diálogo con grupos de interés, o la efervescencia de la web 2.0 con nuevas formas de generar capital social, son distintas facetas de un único valor subyacente: la colaboración entre lo diverso.

Por otro lado, la sociedad red, como contexto profesional y personal, las TIC, como instrumentos de trabajo, y las nuevas formas de relación a través de Internet para un mundo abierto, nos muestran un cambio radical respecto al modelo industrial. Las organizaciones, salvo en sectores punteros en tecnología, no se han adaptado todavía plenamente a ese contexto. Es clave la presencia de mujeres en los entornos tecnológicos en los que se están tomando las decisiones sobre productos y servicios TIC, gobernanza en Internet, nuevas normas de usos en redes sociales y otros asuntos capitales.

Definir una agenda para que las mujeres sean líderes de la sociedad en red, en pie de igualdad con los hombres, no es sencillo. En este artículo se han expuesto un conjunto de medidas que ejerzan de palanca rápida para activar los cambios que pueden ayudar a que haya más mujeres en situación de liderar organizaciones del sector TIC. Estas medidas no sustituyen, sino que complementan las estrategias de lucha contra la brecha digital de género para que las mujeres participen en pie de igualdad como consumidoras, trabajadoras o ciudadanas.

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* Ana Moreno Romero, Ingeniera Industrial por la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid y Doctora en Psicología Social y de las Organizaciones por la UNED. Profesora en la ETSII-UPM, en las áreas de organización del trabajo, recursos humanos y RSC. Coordinadora del Grupo de Investigación de Organizaciones Sostenibles (GIOS). Ruth Carrasco Gallego, Doctora Ingeniera Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid. Ha realizado estancias en la Ecole Nationale des Ponts et Chaussées (París), en la Erasmus Universiteit (Rotterdam) y en INSEAD (Fontainebleau). En la actualidad, es profesora en la ETSI Industriales de la UPM

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