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Tendencias en foco nº1. ¿Qué recomiendan los trabajos recientes sobre las políticas para mejorar la inserción laboral de los jóvenes?

Muchos documentos que abordan los problemas de desempleo y de empleo de los jóvenes, desde la investigación o evaluación de políticas públicas, señalan recomendaciones para acciones futuras. ¿Cuáles son las coincidencias y debates en torno a las acciones recomendadas? Esa es la pregunta que intenta contestar Claudia Jacinto con la colaboración de Verónica Diyarian.

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Muchos documentos que abordan los problemas de desempleo y de empleo de los jóvenes, desde la investigación o evaluación de políticas públicas, señalan recomendaciones para acciones futuras. ¿Cuáles son las coincidencias y debates en torno a las acciones recomendadas? Revisando documentos recientes se observa que hay algunos ejes coincidentes así como cuestiones en debate, que reseñamos a continuación junto con un listado de algunos de los documentos cargados en nuestra página WEB que se refieren a la cuestión.

Entre las coincidencias generales de los trabajos, el entorno macro-económico aparece lógicamente como el gran condicionante del mejoramiento de las condiciones de inserción laboral de los jóvenes. Resaltan la importancia de las medidas de fomento productivo, el grado de desarrollo del capital humano, la etapa de la transición demográfica en la que esté el país, las características de las economías regionales y locales, entre otras variables, que son clave para determinar los alcances y orientaciones de las intervenciones.

Se coincide en general en promover políticas activas de empleo y, la mayor parte de las veces, específicamente sobre la necesidad de políticas activas dirigidas a los jóvenes. Legislar, fiscalizar y acreditar el contenido de la formación, e incentivar la capacitación por parte de los empresarios, son algunas de ellas. Enfatizando el peso de los años de escolaridad y el acceso a una buena educación básica y secundaria sobre la calidad del empleo, recomiendan brindar oportunidades de formación para el trabajo adecuada a la demanda y a las posibilidades de inserción. Pueden sin embargo evidenciarse posiciones diferentes en cuanto a la institucionalidad de la formación: ¿toda la formación debe depender de instituciones acreditadas? El interrogante se justifica porque muchos programas flexibles, coyunturales, no sólo de empleo y formación sino también sociales, brindan capacitación sobre bases institucionales poco consolidadas. ¿Debe tenderse hacia un sistema de formación basado en la certificación de competencias? No todos los documentos coinciden en este punto.

Suele mencionarse la necesidad de realizar abordajes amplios en las políticas, que superen la mera capacitación puntual. Los énfasis difieren en cuanto a las formas que tomarían estas sinergias entre actores: algunos creen que sólo pueden ser efectivos los abordajes integrales con el joven como actor principal, participando de una red institucional de protección juvenil, y otros apuestan a estrategias intersectoriales que mejoren su articulación. Cuestiones ambas recomendadas desde hace años, aunque con grandes obstáculos políticos e institucionales para ser logradas.

Algunos autores enfatizan el mayor protagonismo que deben tener los jóvenes en las decisiones y en tener en cuenta sus motivaciones. Al respecto se señala no dar por sentada la motivación de los jóvenes pobres para concurrir a la formación, que oscilaría entre la búsqueda de contención y sociabilidad, el intento de seguir estudiando y la posibilidad de conseguir un subsidio en un contexto de desocupación. Suele señalarse que es indispensable tomar en cuenta la gran heterogeneidad de la juventud de la región, presentando problemas diferentes por nivel socio-económico, género, nivel educativo, étnico, etc. y es preciso identificar las distintas problemáticas para elaborar respuestas adecuadas. Se señala la importancia de atención especializada de grupos: jóvenes conflictivos o con problemas con la ley; jóvenes rurales; jóvenes indígenas; jóvenes de escasos recursos y sin educación básica; jóvenes con educación secundaria que deben trabajar; mujeres jóvenes con hijos, entre ellos.

Una coincidencia general consiste en señalar la importancia de fortalecer o crear mecanismos o programas de acompañamiento a la inserción. Se señala la necesidad de generar sistemas de información que vinculen oferta y demanda, llegando incluso a proponer un mapa nacional desagregado por regiones y territorios que dé cuenta de los perfiles de la oferta laboral juvenil y las particularidades de las regiones. También el fortalecimiento de mecanismos de intermediación laboral y acompañamiento en la inserción, que orienten a los jóvenes y les permitan evaluar sus propios perfiles. La orientación es considerada como una ocasión de “empoderar” a los jóvenes, para que conozcan sus derechos laborales, la rentabilidad de las profesiones y las reglas del juego en la inserción profesional.

Las visiones sobre si debe promoverse el trabajo autónomo o los emprendimientos entre los jóvenes difieren. Aunque se coincide en que éstas no son la solución universal y mágica para el desempleo juvenil, algunos señalan que deben tratarse de programas acotados, donde ciertos componentes como el acompañamiento, la capacitación y el apoyo económico son indispensables; otros en tanto enfatizan que se estaría ante un cambio de paradigma acerca de la valoración del trabajo en los jóvenes, donde es fuerte la predisposición a generar sus propios espacios de creación de empleos, que articulen la creatividad juvenil y autonomía. Claro que respecto a esto último, la posibilidad de despliegue de estas características tendrá que ver con los recursos y el capital social y cultural de los hogares.

Las recomendaciones sobre el contexto institucional o el marco regulatorio de la inserción laboral de jóvenes, está atravesada por varias posturas. Una cuestión central en debate es si deben reducirse los costos laborales para los jóvenes, flexibilizando la contratación. Quienes apoyan esta perspectiva plantean políticas de apoyo al primer empleo basadas en que las formas de contratación sean atractivas para las empresas en términos de costos salariales y no salariales. Otras visiones enfatizan la necesidad de promover el trabajo decente de los jóvenes: actuar no sólo sobre la tasa de desempleo sino sobre las condiciones de trabajo, legislación que fomente el empleo de calidad, disminución de la jornada laboral y de las brechas salariales. Para ello, las políticas de primer empleo deben tener el apoyo subvencionado del Estado como incentivo a las empresas o en la creación de empleo público. Articulando de algún modo ambas perspectivas, se ha planteado que debe equilibrarse protección y flexibilidad, en una secuencia de creciente estabilidad.

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