Editorial

Editorial. Juventud, crisis y trabajo

enero 2014

redetis5

Tres importantes publicaciones, que salieron a la luz en los dos últimos meses, ponen nuevamente el foco en la cuestión del impacto de la crisis mundial sobre el empleo juvenil. Ellas son Global Employment Trends for Youth 2013: A generation at risk, una nueva publicación de la serie sobre el trabajo en el mundo World of Work 2013: Repairing the economic and social fabric, ambas de la OIT, y el muy reciente informe del Grupo de Alto Nivel para la Agenda de Desarrollo Post-2015 de Naciones Unidas, denominado A New Global Partnership: Eradicate Poverty and Transform Economies Through Sustainable Development, todos ellos accesibles en RedEtis con sus respectivos resúmenes en español.
Con distintos énfasis, estos documentos llaman la atención sobre el conocido hecho del impacto social de la crisis, que afecta a un total de 200 millones de desempleados en todo el mundo en el año 2013, de los que 73 millones son jóvenes entre 15 y 24 años de edad (un 36% del total). Se suma a este hecho el tema de la calidad del empleo, en tanto el empleo informal predomina entre los jóvenes con el agravante de que para ellos las transiciones al trabajo decente son lentas y difíciles. Señala el segundo informe que “casi en todas partes resulta difícil para jóvenes y mujeres conseguir un trabajo que se adecue a sus aptitudes y aspiraciones “ y, además, que “es vital velar porque los espectaculares avances en el ámbito de la educación de los últimos años vayan parejos con mayores oportunidades de trabajo decente acordes para los jóvenes. No es de extrañar, entonces, la caracterización de los jóvenes como “una generación en peligro”.
Es paradójico el hecho de que la coexistencia de estos dos fenómenos, el del aumento de los niveles educativos de la población mundial, especialmente de los jóvenes, coincida con el incremento del desempleo. La OIT denomina a ese resultado poco virtuoso como de desajuste de las competencias, una tendencia constante en la que “la sobreeducación y el exceso de competencias coexisten con la subeducación y la escasez de competencias, y cada vez más con el desgaste de la formación adquirida por causa del desempleo de larga duración”. Esta situación consolida un efecto previamente identificado – denominado efecto fila- por el cual los jóvenes sobreeducados ocupan cada vez más empleos que no requieren un nivel educativo tan alto a la vez que así bloquean la ocupación de esas posiciones por jóvenes con menor nivel educativo. En síntesis, bien por exceso o por carencia, unos y otros se encuentran desajustados en sus competencias para los puestos a los que aspiran y que están disponibles.
Pero en los cambiantes mercados de trabajo desde el punto de vista económico y tecnológico, aparecen otros factores que inciden en la capacidad de encontrar un puesto. La Revista Humanum de PNUD publicaba recientemente un artículo que destacaba, para América Latina, el hecho de que las habilidades sociocognitivas constituyen dimensiones relevantes para el reclutamiento en puestos de trabajo en economías con sectores de servicios crecientes, señalando que solamente en el sector manufacturero son más valoradas las capacidades técnicas específicas que las no cognitivas. Pueden sumarse a este análisis otras evidencias relacionadas con las desventajas que afrontan los jóvenes pobres para ingresar a los mercados de trabajo formales por decisiones que ellos toman en función de su pertenencia a diversas culturas juveniles sin poder prevenir los impactos de mediano plazo. Body piercing, tatuajes, para chicas y chicos, pelos largos para los varones, son factores que bloquean su ingreso a las empresas. Recientemente, una información señala que el 10% de los jóvenes postulantes a empleos han sido rechazados por la forma en que se presentan a si mismos en las redes sociales.
En fin, hay actualmente una compleja combinación de variables que determina el futuro de los jóvenes, además de las transformaciones en las economías y sus niveles educativos. Por supuesto que los sistemas de educación y de formación para el trabajo deben asumir en los currículos la información y las respuestas que estas nuevas realidades requieren. Los criterios de selectividad implícitos en el funcionamiento de los mercados de trabajo se convierten en problemas adicionales para la incorporación de los jóvenes y colisionan a veces con el acceso a una ciudadanía plena que debe preservar los derechos de la juventud frente a estas prácticas discriminatorias.
Por último, en relación con el escenario post 2015, momento de hacer el balance de lo alcanzado en materia de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el Grupo de Alto Nivel ya mencionado incluye entre sus doce metas, la numero ocho de creación de empleos, medios de vida sostenibles y crecimiento equitativo, señalando que “más y más jóvenes no están en el empleo, la educación o la capacitación, con efectos de larga duración sobre sus capacidades para desarrollar una vida satisfactoria y productiva”. Esta privación en el acceso al derecho al trabajo produce cicatrices en el poder adquisitivo futuro de los chicos y en las vías de transición al mercado de trabajo. Genera -además del efecto desestímulo que los expulsa de la condición de activos desocupados a la de inactivos- una consecuencia de largo plazo tan importante como es la desconfianza en los sistemas socio-económicos y políticos y aún en la misma democracia.
Visto desde América Latina, estas tendencias pueden reconocerse en la vida cotidiana, aunque comparativamente la región no se encuentra entre las más afectadas por los resultados de la crisis. Por el contrario, los países que la integran han logrado sostener y ampliar sus procesos de crecimiento y búsqueda de bienestar; ese relativo mejor desempeño tiene todavía muchos desafíos por delante, entre ellos, la búsqueda del empleo decente para todos y la profundización del diseño de políticas que afiancen la justicia social.

Margarita Poggi
Directora IIPE-UNESCO Buenos Aires

María del Carmen Feijoó
RedEtis

 

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