Editorial

Editorial. Educación, trabajo e inclusión social desde una perspectiva de género

julio 2014

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En línea con los intereses inicialmente definidos para la nueva fase de RedEtis pondremos esta vez el foco sobre la cuestión del género en el marco de la promoción del virtuoso círculo de educación, trabajo e inclusión social que la página propone como marco de su actividad. Es ampliamente conocido el hecho de la invisibilización de la dimensión de género en la organización del mundo del trabajo y aún en el estudio, la investigación y el diseño de políticas. Una construcción que consideraba “trabajo” solo a la actividad que tenía lugar fuera de la unidad doméstica, con un sujeto masculino privilegiado –el trabajador –, fundó el hecho del supuesto aislamiento y ausencia de las mujeres del mundo de la actividad productiva. Las tareas se calificaban como trabajo o no trabajo dependiendo del lugar físico – el hogar o el mundo público – en que se realizaban y no del carácter, utilidad o esfuerzo que implicaban.  Esta caracterización tuvo un sin número de consecuencias para las mujeres, entre ellas, el acceso histórico diferencial al mundo de la educación, que no se consideraba tan necesario como para los hombres, dado que su destino era quedarse en la casa. (Par ampliar, ver publicación relacionada: Trabajadoras. Las relaciones de trabajo y de género: Análisis de la feminización de las profesiones y ocupaciones).

Felizmente, esto es parte del pasado. En un sentido, como resultado delos avances producidos en el reconocimiento de la profunda articulación existente entre esos dos mundos, con la consecuente revalorización del rol de la mujer. En otro, porque el desarrollo de compromisos universales por los derechos humanos ha puesto en primer plano la convicción de que no será posible construir justicia social, sostenibilidad ambiental y desarrollo si cada una de esas metas no es sensible a la equidad de género. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio han sido un hito importante en esa dirección, por lo menos a nivel de plantear las metas de igualdad para hombres y mujeres. Sin duda, es todavía muy largo el camino que queda por recorrer, pero es creciente la conciencia sobre su legitimidad.

No son parte del pasado, sin embargo, otros problemas que atañen a las mujeres, como la persistencia de la más grande epidemia mundial, la de la violencia contra la mujer. También se ha avanzado aquí en el reconocimiento y diseño de caminos para la resolución del problema. Vale la pena recordar que solamente en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena en el año 1993 se tipificó la violencia contra las mujeres como una violación de los derechos humanos. Es decir, apenas hasta ayer era solamente un delito de orden penal.

También las niñas y adolescentes han avanzado notablemente en su incorporación a los sistemas educativos de la región. En muchos casos, tienen hoy tasas de escolaridad más altas que los varones y desempeños superiores a los mismos. Este acceso a la educación las habilita para pensar destinos ajenos a sus horizontes tradicionales y proponerse carreras que eran, hasta la generación de sus padres y madres, solamente masculinas. Pese a los avances,la discriminación se mantiene en el acceso a los mercados de trabajo aun con niveles educativos más altos. El rol reproductivo de las mujeres y el del cuidado son factores que las expulsan de los mercados de trabajo por el supuesto de que ellos interfieren en su desempeño laboral. Queda en evidencia que la discusión sobre cómo estas actividades deberían ser sostenidas por servicios públicos de atención a la infancia y a la tercera edad, aún está pendiente. Las mujeres que tienen acceso al mundo del trabajo enfrentan hoy nuevos desafíos, que surgen de las nuevas formas de organización de la producción. Entre ellos puede mencionarseel trabajo domiciliario – hoy denominado en muchas oportunidades como teletrabajo (Telecommuting o Teleworking en inglés) – o los regímenes de trabajo flexibles, los cuales si bienles permiten a las mujeres compatibilizar su rol reproductivo con su rol laboral, las confinan al hogar para atender el desempeño de su doble rol. Solo recientemente, se tomó en cuenta que esa marginación del trabajo decente, las coloca en situación de desventaja estructural cuando son mayores. La combinación de la prolongación de la esperanza de vida –sobre todo, más alta para las mujeres que para los hombres – con la falta de cobertura previsional hace que arrastren hasta la tercera edad la privación de acceso a derechos que sufrieron en su juventud y madurez (ver publicación relacionada Mejores pensiones mejores trabajos: Hacia la cobertura universal en América Latina y el Caribe).

Todavía hoy cinco de cada diez mujeres en la región se encuentran fuera del mercado laboral (ver Infografía de Cepal). Esta exclusión constituye para las sociedades una externalidad negativa en tanto se ven privadas del despliegue de creatividad, compromiso y energía con las que las mujeres pueden contribuir al desarrollo. Por supuesto, también sus tasas de desocupación son más altas que las de los hombres. Pese a todo, las mujeres avanzan. Lo hemos visto en la publicación número 26 de Tendencias en Foco, en la que se discutieron pros y contras de la presencia de las mujeres en el mundo TIC y la necesidad de reapropiarse de esa formidable herramienta para su desarrollo, en el contexto de los intereses de género.

De las cinco de cada diez que están adentro del mercado laboral, sus condiciones de empleo son sumamente variadas. Muchas están en los servicios modernos, con modalidades de inserción propias del trabajo decente; otras, se desempeñan en el servicio doméstico que ha sido históricamente un nicho femenino; menos, son las que se desempeñan en actividades industriales, en parte como consecuencia de los cambios tecnológicos del sector, y otras han “inventado” sus propios trabajos, esto es, han logrado dar el salto del autoempleo al emprendedurismo. El informe financiado por el BID y recientemente publicado Liberando el potencial de crecimiento de las emprendedoras en Latinoamérica y el Caribe observa el impacto de esa vieja creatividad fortalecida por el acceso a las oportunidades educativas y por su capacidad de pensar y emprender negocios. Cierto es que al lado de esas, hay otros millones de mujeres en la región que no han podido superar la escala del autoempleo, que producen y venden alimentos en las ciudades, que venden servicios de baja complejidad, que sueñan con poder dar un salto, que es a veces la compra de una heladera o de una cocina mejor, o de una máquina de coser. Pero la realidad de las mujeres de la región es todo esto que se ha descripto: un complejo mosaico en el que se yuxtaponen deseos, necesidades, oportunidades y limitaciones. Desde el objetivo trazado en esta nueva fase de RedEtis, queremos contribuir a esta tarea, visibilizando lo que se ha hecho, haciendo hincapié en las discusiones adeudadas, y promoviendo el debate crítico sobre el mundo en el que estamos parados.

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Margarita Poggi
Directora IIPE-UNESCO Buenos Aires

María del Carmen Feijoó
Coordinadora RedEtis

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